El hombre que me ofreció 200.000 al año / The man who offered me $200k (Esp / Eng)

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Me siento súper nerviosa todo el día. El cosquilleo en el estómago se precipita media hora antes de la entrevista. Entro a una oficina de aspecto dudoso, con sofás que parecen haber dormido en la calle. Nadie sale hasta que pasan 5 minutos. El Señor Entrevistador me saluda y me hace rellenar un formulario al que tendré que graparle mi curriculum. Es extraño, pienso, si ya lo tienen.

Entro a una habitación gris, con un escritorio y dos sillas como única decoración. La descripción que hace El Señor Entrevistador del trabajo no se ajusta al anuncio de la web, pero él me felicita porque me han seleccionado. Ésta es la primera de tres entrevistas. En esta empresa todo el mundo empieza por lo básico, en ventas, para luego pasar a formar a otros vendedores, después asumir tareas administrativas para llegar al último escalón: “podrás dirigir tu propia oficina y ganar 200.000 dólares al año”, dice culminando la descripción de un futuro perfecto. “Estas cuatro fases te llevarán entre 6 y 12 meses, ¿qué te parece?”. “Estoy frotándome las manos”, me callo. Su discurso ha llegado al clímax, que sella con una sonrisa de embaucador nato. Está acostumbrado a ir rápido, a ahogar, a sostener. Lo tiene todo atado, su vida es la venta.

La realidad de un trabajo real se ha desvanecido. Le pregunto por todo: salario, qué venden, cuáles son sus clientes, cómo es un día a día, pura curiosidad periodística. Replica a mis preguntas con contestaciones vagas, números inciertos, empresas desconocidas, productos relacionados con la lotería y horas indeterminadas. Me aclara que no necesitaré coche, pues el transporte público en Perth es muy bueno. Esta afirmación me confirma que el Señor Entrevistador no juega limpio. Por último le pregunto qué esperan de mí. “Actitud”, responde. La entrevista llega a su fin y el Señor Entrevistador se dispone a rematarla: “Bueno, ¿por qué deberíamos contratarte?”, pregunta. “Porque tengo muchísima actitud”, digo triunfante mientras me reclino en la silla. Me tiende su mano para que cerremos el trato. “Estás dentro”, me confirma.

El Señor Entrevistador me comunica que me enviará un correo electrónico para confirmar todo y que el día acordado tengo que estar allí de 9 a 6, con una libreta y calzado plano y cómodo. Yo lo llamo ir a trabajar. Ellos, segunda entrevista. Vuelvo a casa y rastreo en internet a El Señor Entrevistador, que aparece como persona de contacto en otras dos empresas que están en la misma dirección dedicadas, esta vez abiertamente, a la venta directa a puerta fría.

“¡Ay, bandido!”, pienso.

The man who offered me $200k

I felt nervous the whole day and butterflies in my stomach as the interview was closer. I went into an odd office with two sleazy sofas in the hall which look as if they had been picked up from the street. Nobody received me until five minutes later. Mr. Interviewer greeted me and asked me to fill in a form. I didn’t understand why I had to give them a hard copy of my résumé, as they had it already.

trainstation_kevinDooleysmI came in a grim room with a desk and two chairs as furniture. Mr. Interviewer described the job position slightly different from the one advertised on the website, but he seemed not having realized. He congratulated me as I had been selected and I was in the first out of three interviews. In this company, everybody starts in the sales level to become a team trainer as the second stage. The third step within the organization is holding an assistant manager position. In the end you can run your own office. He announced to me that I could earn $200k per year. I could reach the last level from 6 to 12 months. “What do you think?” He asked me. “I’m over the moon”, I said to myself. His trickster smile reflected his ebullient condition and it was clear for me that he is used to swiftness, stifling and holding. He is a controller, a natural seller.

I understood that the job advertised doesn’t exist. As a journalist, I felt curious and I asked him about everything: salary, products, clients, a ‘Day in the life’. He replied to everything vaguely, undefined numbers, unknown companies, lottery products and undetermined time shift. He told me that I didn’t need a car as the public transport in Perth is really good. That fact confirmed that he wasn’t playing a fair game. Finally, I inquired about their expectations from my performance. ‘Attitude’, he said. To conclude the interview he asked me why they should hire me. “I will bring a lot of attitude”, I concluded, triumphal, while reclining in the chair. We shook hands and he added his final words: “You’re in”.

Mr. Interviewer advised me that I would receive an email and I would start the following week from 9 to 6, with a note pad and comfy shoes. To me, this looked a first day job, for him this is the second interview. I came back home and I did track who the Interviewer is. He is the contact person of other two companies, located in the same address, which sell products door to door.

‘Cheeky man’, I think.

 

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  1. #1 por María Álvarez Rodríguez el marzo 15, 2015 - 8:31 am

    (aquí metería el emoticono que llora)

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