Celebrar el Día de Australia / Celebrate the Australia Day (Esp / Eng)

Aboriginal Dance Festival

La curiosidad de mi primer Día de Australia da paso a un no-me-acuerdo-qué-hice-en-mi-segundo-Australia-Day y me deja a las puertas de un tercero. El 26 de enero conmemora la llegada en 1788 de los británicos a Port Jackson, Sídney. Fue el pistoletazo de salida del genocidio aborigen, cuyas consecuencias, siendo extranjera, soy capaz de ver y, lamentablemente, a veces sólo de intuir (desarraigo, condescendencia o exclusión social son algunas de ellas). Hasta 1967 la Constitución no consideró a los aborígenes ciudadanos y estaban regulados bajo la Ley sobre flora y fauna australianas. El Día del Perdón (National Sorry Day) conmemora y recuerda el maltrato a la población aborigen desde 1997. Pero no fue hasta 2008 cuando el Primer Ministro, Kevin Rudd, pidió perdón oficialmente a los aborígenes por los crímenes y por las políticas que dieron lugar a las generaciones robadas, por las que los niños aborígenes eran separados de sus familias en un intento de educarlos, socializarlos y salvarlos.

Partiendo de este contexto y del mío como inmigrante, me planteo qué sentido tiene que yo celebre este día.

Para empezar, no soy australiana. Soy española y me gusta serlo, es la cultura que he mamado, pero echar de menos el jamón y las croquetas no tiene nada que ver con ensalzar banderas. Si no lo he hecho con la española, no tiene mucho sentido hacerlo con otra.

Australia tampoco es un amante fácil de querer. Vivo, trabajo y pago impuestos en este país. Lejos de ser desagradecida, Australia me está dando una oportunidad que España no me ofrece en este momento. Estar aquí es una decisión personal, pero Australia no me está regalando nada. Este país es muy atractivo, tiene unos paisajes increíbles, pero que nadie se quede con la idea simplista de que aquí la vida transcurre entre surf y barbacoas.

La ciudad ha programado un montón de actividades para este día. No sé si todos juntos llegarán a un éxtasis espiritual que les haga olvidarse del pasado colonialista. Por si alguien no lo logra, todavía queda la posibilidad del alcohol. Ese día se bebe mucho y, por cierto, es la jornada con más incidentes del año.

Muchos me dirán que si no me gusta, aire, o que esto de hablar del día de la nación australiana sin ser ciudadana australiana es como hablar de cómo educar niños sin ser madre: un atrevimiento. Puede ser. Tampoco voy a abanderar un movimiento anti-aussie: soy capaz de sentarme en Kings Park y disfrutar de los fuegos artificiales, asistir a esa euforia nacional e incluso entender que muchos australianos celebran el hecho de serlo y se avergüenzan de la masacre.

Pero eso no me quita la capacidad de observar. Y esto es lo que yo veo.

Celebrate the Australia Day

Australia_Day

I felt curious about my first Australia Day, I don’t remember what I did in my second one and now I face my third one. The 26 January commemorates the arrival of the First Fleet in Port Jackson in 1788. It was the beginning of the aboriginal genocide, whose consequences, as a foreigner, I am able to see and most of the times just sense (alienation, condescension or social exclusion to name just a few). In 1967 the Australian Constitution was amended and aboriginal people where recognized as citizens. Previously, they were governed under the Flora and Fauna Act. The National Sorry Day commemorates the mistreatment of aboriginal people since 1997. But no apology was offered until 2008, when the Prime Minister Kevin Rudd did it officially and mentioned the Stolen Generation specifically. This term refers to all the children stolen from their families, to raise them in a white race environment.

From this context, and as a migrant, I wonder what the point for me to celebrate it is.

To start with, I am not Australian. I am Spanish and I like being it. That’s my background and culture although missing the croquettes and Spanish ham has nothing to do with waving flags. If I never did it with the Spanish, I don’t think I’m going to do it with another.

In addition, Australia is not easy to love. I live, work and pay taxes here. Far from being ungrateful, this country has given me the opportunity that Spain is taking me away. I made the decision to stay here but Australia is not giving me anything away. This country is beautiful, its landscapes leave you breathless, but I wouldn’t like anyone to think this facile idea that life in Australia goes between surfing and going to barbecues.

The city holds a lot of events and activities for this day. I wonder if the audience will reach the spiritual ecstasy that allows them to forget its colonialist past. Just in case they are unsuccessful, there remains the alcohol as an option. That day people drink a lot and it is the day which registers more assaults by far.

I can be told that if I don’t like it I can go, and even that talking about this without being Australian is like given my opinion about raising children without being a mum: an insolence. It may be. I am not going to lead any anti-aussie movement: I am capable of enjoying the fireworks, attending the national euphoria and even understanding that a lot of Australians commemorate the fact of being Australians whilst feeling ashamed of the slaughter.

But it doesn’t change the fact that I can observe. And this is what I see.

 

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