El casero / The landlord (Esp/Eng)

Él en realidad es Ella.

Hace más de un año me alquiló una habitación en una casa de Melbourne. A mí a y mi pareja. Íbamos a estar al lado de la playa. La casa no era lujosa, pero tras la visita nos pareció que estaba bien. Era una casa compartida. Tres españoles, un venezolano, una hawaiana y un canadiense. La cosa pintaba bien. El trato era bueno para las dos partes, un precio asequible para nosotros y una casa llena para él. Y muy buen rollo.

El día que fuimos a llevar nuestras cosas allí no quisimos ver la primera señal. La habitación, que ya no tenía ningún mueble que la adornara, no había visto una mopa en años. Yo no estaba contenta, pero ya no podíamos ir a otro lugar. Habíamos terminado el contrato en la otra casa. No había a dónde ir. Así que limpiamos y limpiamos. Y nos mudamos.

Poco a poco descubrimos que no encajábamos en aquella casa. Ese hombre era histriónico y maleducado. La casa siempre estaba llena con gente como él. No cumplía con sus promesas. Hasta que un día llegó una carta diciendo que el casero estaba alquilando la casa de forma ilegal. Una carta de la Policía, sobre todo en Australia, no admite bromas.

Nos marchamos. Pero no nos quiso devolver la fianza. Así empezó nuestro contacto con la Justicia australiana y fuimos al VCAT, un servicio que se encarga de resolver las disputas domésticas, entre otras cosas. En la primera vista, a la que no acudió, nos dieron la razón. Él no había actuado legalmente, pero nunca acató la orden. Cuando fuimos a visitarlo se negó a pagar e hizo gala de su estilo chabacano y arrabalero. Empezamos así un proceso de apelaciones, que él inició para zafarse de sus obligaciones, y de visitas a los juzgados. Él nunca se presentó. Tres visitas. Tres días perdidos. Tres órdenes favorables. Para nosotros.

Pero nunca pagó.

Así fue como yo hice gala de mi empeño. Y con mi orden todavía caliente, me fui a visitar al Sheriff como si viviera en una película, protagonizando el siguiente paso. Así fue como volví a perder mi tiempo, una inversión para recuperar no la ridícula suma de una fianza sino el orgullo de pelear por las cosas justas. Así fue como un día apareció en el buzón una carta, con un cheque, que incluía ese dinero y los gastos ocasionados. Así fue como leí que el Sheriff tuvo que llamar cuatro veces hasta que pagó. Así fue como entendí que el casero pagó cuando vio que ya no podía escurrirse más. La transacción se realizó el día de mi cumpleaños, qué coincidencia.

En todo este proceso he aprendido mucho inglés, un poco del sistema Judicial australiano y que los acuerdos siempre tienen que ser legales. Ha sido un año largo, en el que me he preguntado muchas veces cómo alguien de mi mismo país y mi misma ciudad, a 17.000 kilómetros de casa, pudo engañarnos, en el que me he contestado que los usurpadores primero chupan la sangre a los que tienen más cerca, con los que hablan el mismo idioma, porque hacerlo en inglés exige una fluidez que ese zafio no tenía. Luego supe que no he sido la primera y ojalá haya sido la última. Ha sido un año largo, en el que he cumplido mi promesa de luchar para obtener lo que quería, que era un final justo. En el que he hecho mía la frase “este hombre no conoce a La Bego.

Una victoria moral que sólo me deja con una espina: la de ver la cara del señor Vicent el día que descubrió que había sido derrotado.

 

 THE LANDLORD

He is She.

More than a year ago, my partner and I rented a bedroom in a shared house in Melbourne. He was the landlord. We were going to live close to the beach. Although the house wasn’t amazing, we made a deal. Three Spanish, a Hawaiian and a Canadian. It sounded like a plan. We reached an agreement favorable for both sides: low rent for us, no spare bedrooms for her. Good vibes.

We didn’t want to see the first alert signal. With no furniture, our new bedroom was filthy. I was disappointed, but the deal was made. We didn’t have anywhere to go. So we cleaned and cleaned. And we moved to this place.

Little by little we discovered that we didn’t fit in that house. That man was histrionic and rude. People like him came often, invading our space. He didn’t keep his promises. One day, we got a letter which said that the landlord was renting the bedrooms illegally, according to the Real State. We couldn’t ignore a Police warning.

We left but he didn’t want to pay our bond back. So we met the Australian Juridical System for the first time. VCAT is a service that arbitrates between two sides that have a domestic conflict. She didn’t come. The Judge admitted that we were right, but he didn’t listen to the order. We visited him, but he showed ill-mannered and coarse language. He appealed in order to avoid his responsibilities. We went to Court again. He never appeared. Three times. Three lost days. Three favorable orders for us.

He never paid.

So I had to show my determination and guts. I visited the Sheriff, as if I was playing a role in a film, and I performed my next step. I lost my time trying to get my money back, but investing it in recovering my wounded pride. Few days ago I saw a letter in my mailbox. It included a cheque, with our bond and the costs. The Sheriff had to call him four times to make him comply with the order. He understood that it was impossible to pass the buck. And he paid on my birthday’s day.

Throughout this process I’ve learned a lot of new English, a little more about the Judicial Aussie System and that it’s better to do things according to the law. It has been a long year in which I wondered how someone from my country, from my own city, could lie to us. The answer comes clearly: the masquerade drains the closest people, who can speak the same language with, as lying in English was so demanding for him. I haven’t been the first but I wish I was the last. It has been a long year, in which I kept the promise I made myself: fighting to get what I deserved, a fair ending.

This has been a moral victory but I hold a grudge: seeing Mr. Vicent’s face the day he discovered he had been defeated.

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  1. #1 por Shamapow el mayo 27, 2014 - 10:06 pm

    To every pig it comes its Saint Martin

  2. #3 por mevoyaaustralia el mayo 28, 2014 - 7:42 pm

    I wish he never does it again. Ojalá no lo vuelva a hacer🙂

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