El hombre que me presionó demasiado

Llego casi corriendo a la parada del tranvía en una carrera que se hace eterna con los tacones que llevo. Al final tengo que esperarlo y aprovecho para mirar y volver a mirar la silueta de esos zapatos, italianos, maravillosos, que definen a la perfección la palabra capricho. Llega el tranvía y me subo. Todavía no hemos llegado a la avenida, por lo que me siento al lado del pasillo y me instalo en la privacidad que me proporcionan mis cascos y la música.

Tres paradas después, el aire se llena de personas. Hace calor y hay más gente de la habitual. Es el fin de semana de la Fórmula 1 y acaban de terminar los entrenamientos. Quito las piernas del pasillo y me ciño a mi espacio. No quiero quitarle el suyo a nadie.

Dos paradas después siento una presión en mi hombro. Me incomoda la gente que no se da cuenta de que sus bolsos son una prolongación de ellos. El tranvía está tan lleno que el conductor no para para recoger a más gente. La presión se hace más intensa y el contacto de ese bolso también. Me muevo hacia la mujer sentada junto a la ventana. Pero siguen empujándome.

Deslizo la vista hacia mi derecha, hacia el punto de contacto, y descubro que no hay bolso. Hay tela. No me atrevo ni a pensarlo. Es un pantalón negro y aumenta la presión sobre mi brazo. Evito el pensamiento y me convenzo de que no está pasando. Me engaño pensando que la música y los cascos me han construido una burbuja, pero sus paredes no son firmes. Tengo calor, miro hacia la ventana e imploro que nadie lo esté viendo. Quiero gritar, pero me siento tan intimidada que no reacciono. El momento se hace eterno. Estoy perturbada.

El tranvía sigue en marcha, pero consigo levantarme.  Necesito bajar. El dueño de ese pantalón ocupa mi asiento. Es mayor, pelo blanco y bigote. Lo miro a la cara, pero no se atreve a levantar la suya.

El conductor para y el tranvía se desinfla poco a poco. Es la principal parada de la ciudad. Yo sigo mirando a esa figura invasora que, sin nadie al lado, busca un asiento junto a una adolescente con uniforme de instituto. Lo controlo todo. Rápidamente busca el contacto. Ella se aparta para evitarlo y él vuelve a buscar la piel de la chica.

Ya no he podido mantener su secreto. El personal de seguridad lo ha bajado de inmediato.

Yo ya no estaba. Me alejaba temblando sobre esos tacones a los que, maldito insconsciente, he culpado de todo.

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  1. #1 por RiIcardo el marzo 22, 2014 - 10:42 pm

    Sin entrar en el fondo , me ha encantado tu relato!
    Es curioso que en los tiempos de internet, de la mensajería instantánea y cuando nadie tiene tiempo para escribir dos frases coherentes ….. Uno encuentra estas pequeñas joyas escritas de gente corriente que sin ser “escritores” disfrutan explicando historias. Gracias.

    • #2 por mevoyaaustralia el marzo 23, 2014 - 8:24 am

      Gracias a ti por dedicarle cuatro minutos en estos tiempos que corren.

  2. #3 por Vic el marzo 26, 2014 - 8:54 am

    Buen relato, bien escrito. Me ha gustado. Sigue escribiendo, te seguiré leyendo.

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