Sydney. Día 2

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Buscar a mis amigas a las doce de la mañana entre el gentío que ya andaba impaciente alrededor del puente y la Opera House hizo que me angustiara un poco. Demasiado calor y un sentido de la orientación pésimo me hizo pensar que a lo mejor tendría que disfrutar de los fuegos artificiales sola. Así empezó mi último día del año, mi primera Nochevieja en Sydney.

Tras casi una hora de teléfono, de busca esta entrada, no, la otra, que si el hotel Intercontinental, que si ves los baños azules y un sinfín de pistas irreconocibles, di con la puerta de acceso donde me esperaban mis amigas en los Botanical Gardens. Muchísima gente armada con bolsas, comida, mantas, paraguas, sombreros y bebida para aguantar la espera. Yo sólo llevaba un bonito pañuelo color mostaza, tacones, y dos botellas de agua por las que tuve que pagar nueve dólares. “Ya me apañaré con el resto”, pensé. Así que mis últimas horas de 2012 las pasé debajo de un árbol, con las amigas con las que viajé a Sydney, sin mi amigo Choji, haciendo fotos, mirando hacia el horizonte, tomando un plato de pasta para comer, vagueando, pensando una estrategia para robar alguna galleta al grupo de alemanes que teníamos enfrente, cotilleando, con la Opera House a mi derecha y el Brigde a la izquierda, pensando que estábamos en una localización perfecta para ver los fuegos, intuyendo lo maravilloso que iba a ser ese momento.

A dos horas para la medianoche, la espera era ya insoportable. Estábamos ansiosos. Los barcos se paseaban por la bahía con luces rojas que definían toda su estructura, los asistentes a la fiesta en la Opera House ya se habían paseado por las escaleras con sus vestidos de gala y los que habían pagado en las fiestas privadas a los pies del Harbour bailaban descontrolados. Nosotros seguíamos allí, sudados, con los pies llenos de tierra y el cansancio acumulado. Dos horas, una, media hora, quince minutos. Y la impaciencia hizo que nos pusiéramos en pie.

Unos labios rojos proyectados en mitad del puente comenzaron la cuenta atrás hacia el nuevo año. Three, two, one… Y entonces los fuegos. Y entonces la emoción de verme en Sydney, de haber visto ese momento tantos años en las noticias, de saber que estaba allí, de pensar en que no pude darle el primer beso a mi novio porque estaba en Melbourne, de imaginarme a mi familia cuando nos comemos las uvas, de ver a mis amigas mirando el informativo con esa noticia en la tele y pensando en mí. Sí, me emocioné, porque nunca hubiera pensado que yo iba a estar allí, porque esto no pasa todos los días, porque habíamos esperado doce horas…

Y tras la emoción llegó la vida real, que consistía, básicamente, en tener que buscar un sitio para dormir, porque esa noche no estaba con mi amigo Choji, que me alojaba en su casa. Así que mis queridas Liz y Lau me montaron en el ferry hacia Manly para darme cobijo. Llegamos a su hostel. Dos colchones y un sofá para cinco personas. Dormí en el suelo, con el consuelo de que no estaba al raso.

Nunca olvidaré mi Nochevieja en Sydney.         

  1. #1 por Montse Mas el enero 6, 2013 - 1:20 am

    ¡Feliç 2013!

  2. #2 por cris el enero 7, 2013 - 1:13 am

    Bon any, guapa!!! Quina enveja que em dones… estàs vivint un gran somni, però amb l’avantatge de que és real!!!

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