Sydney. Día 1

Mi viaje a Sydney comenzó cuando el despertador sonó a las 4 de la madrugada. Con el empeño de aprovechar el primer día en Sydney, mi vuelo salía a las 6.35 am. He dejado un Melbourne con un día precioso, para sobrevolar kilómetros de tierra deshabitada hasta llegar a Sydney y adivinar, entre nubes y lluvia, la Opera House desde el aire. Huyendo del mal tiempo, la ciudad me recibía con un tiempo de perros.

Así que me he ido al encuentro del amigo que me aloja en su casa, Choji, y que trabaja en T’S Book Cafe, una cafetería-librería muy similar a mi añorado Ubik Café, en Valencia, que me ha acogido con un suculento desayuno y un café bien cargado.

Con el estómago lleno me he ido en busca de los iconos de esta ciudad, el puente y la ópera. Un viaje en bus inusitadamente fácil para mí, que me siento perdida en las ciudades grandes, me ha dejado casi a las puertas de la bahía. He andado los últimos metros de Elisabeth St. sabiendo lo que venía a continuación, el Sydney Harbour Bridge, desde donde se lanzan los fuegos artificiales en Año Nuevo. Antes de cruzar la esquina, la respiración contenida y, entonces, el puente. Y con él, todas las veces que me había imaginado en Australia, en Sydney, frente a esos escenarios; la imagen de mi amiga Laura, con la que podría vivir cada minuto de esta experiencia; las palabras de Rosana diciéndome que no me pierda ni una; la imagen de todo lo que me ha regalado  Melbourne y la experiencia de viajar sola. Emocionada, como siempre me pasa, me he acercado a la barandilla para secar los ojos húmedos.

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Después he saboreado cada paso hasta la Opera House, el otro gigante, y me he dedicado a explorar sus ángulos, la cerámica, las distintas vistas… Estaba pensando en tomarme un café en el Opera Bar cuando he pedido a una chica que me hiciera una foto. Tras el clic, la joven me ha preguntado si estaba viajando sola. Le he dicho que sí y ella se ha apresurado a decirme lo mismo. Después del saludo y una conversación que se iba alargando, le he dicho que si se tomaba una cerveza conmigo a los pies de la bahía. Y así hemos pasado el resto de la mañana Vanesa, canadiense, y yo, bajo el sol, contándonos qué hacíamos en la ciudad, para después irnos a callejear a The Rocks.

Antes de volver a casa, me he animado a seguir caminando, ya sola, por el CBD. Exhausta, con tantas subidas y bajadas, me he montado en el autobús para recoger a Choji, todavía en el trabajo, que me ha preparado un delicioso bocadillo de pollo, alioli y queso. Después hemos comprado lo necesario para la barbacoa de la cena. Será con el vino que nos tomemos esta noche cuando planearemos desde dónde veremos los fuegos artificiales mañana,

  1. #1 por irene el diciembre 30, 2012 - 8:08 pm

    Qué guay, Bego! Los deseos se cumplen, ya lo ves! Imagino tu carita, emocionada, mordiéndote el labio y diciendo: “Estoy aquí, cuántas veces lo he soñado?” Me ha gustado ver que llevas, amarradito al cuello, un pedacito de mí… Te quiero mucho!!! Disfruta a tope, amooooor!

  2. #2 por Laura el diciembre 30, 2012 - 8:19 pm

    Te echo mucho de menos Begoña Sanchez

  3. #3 por Montse Mas el diciembre 31, 2012 - 8:04 am

    Envidia, pero que mucha envidia (sana, eso sí).

  4. #4 por elfrasco el enero 3, 2013 - 8:49 am

    Que aventura Cari, me alegra que hayas vivido esa experiencia. Lo que no me puedo creer es lo de “un delicioso bocadillo de pollo, alioli y QUESO…” hehehehe besos

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