En la post office

A veces me pregunto cómo, con la edad que tengo, puedo ser tan inocente. Yo, que iba a recoger tranquilamente una carta a la oficina de correos, no me había imaginado que el sobre podía contener algo más que lo que había pedido.

Cuando he visto el papel se me ha escapado una sonrisa y cuando he visto la letra, en mayúsculas, ni me he planteado esperar a llegar a casa para leer la carta . Mi hermana mayor, que queriéndome provocar unas risas, me ha hecho llorar en la puerta de correos. Porque, de repente, estaba en mitad de la nada, ajena a los que llegaban con cajas, subían la rampa o salían con algún paquete. Estaba ensimismada leyendo las palabras tan bonitas que mi hermana había logrado ensamblar, un día muy triste, cuando ya sabíamos que nuestra iaia se moría.

Si, Rosa, también siento esa conexión. Por algo será que somos hermanas. Por algo será que eres la mayor y que siento cómo siempre quieres protegerme. Ya sabes que yo también lo intento.

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