Ir a la peluquería

ResistirLiberarseAtreversePonerse_guapaExperimentarSeguir_explorandoNo_tener_miedoCalma

Quien piense que ir a la peluquería obedece a un acto de entrega al ego se queda en lo simple. La imagen, el peinado, la estética, como quiera llamarse, no sólo reflejan un estado de ánimo, sino que ayudan a sobrellevarlo y a superarlo. Cambiar la imagen es el primer síntoma. Es convertir lo que todavía no es certero, pero intuyes, en real.

La peluquería, ese lugar en el que el ruido atenuante del secador ayuda a liberar confesiones, ese lugar que es más efectivo que la consulta del médico. Y las peluqueras -que a mí me gusta este término-. Lórena Póveda y Marta López -las mías- lo entendieron muy bien y me ayudaron en esta travesía de cambios e incertidumbre que llegó tras mi separación, larga y emocionante, en la que he ido descubriéndome, arriesgándome, divirtiéndome, explorando, reinventando. Ahora, sin sus manos, sin su intuición, sin su saber hacer, trampeo como puedo y me apaño, pero no es lo mismo.

Estas fotos nacieron como fotos de perfil y ya se han convertido en un registro indeleble de mi vida. Nunca pensé que viajaría por tantos estados anímicos, pero es divertido hasta pensarlo. Las veo y sonrío, por fin, desde la calma.

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