Los límites

Mi profesor de business nos decía el otro día que nunca hay que decirle a un cliente que no sabes algo o que no puedes. “No lo sé pero lo encontraré para ti” y “No es un no puedo, es que tengo límites (que son flexibles y se pueden superar, claro)”.

Es la primera de las conversaciones que he tenido esta semana sobre los límites, muchas veces impuestos por nosotros. Las palabras, siempre tan útiles para ponerme mis cosas en mi sitio. Ayer tuve la segunda, con mi amiga Elisa. Hablábamos sobre otra, sobre sus capacidades, y me preguntaba cómo podía ponerlas en duda. No tengo ninguna duda sobre su potencial y su capacidad para llevar a cabo lo que se proponga. Sin embargo, esta amiga sí dudaba de ella misma. Justo lo que me pasa a mí. Se lo contaba a Elisa y ella me decía lo mismo, que cómo podía dudar de mi potencial y de mi capacidad para llevar a cabo lo que me proponga. “Te crees que eres un cinco y no te das cuenta de que tienes potencial para llegar al diez. Te crees que eres un cinco y actúas como tal. Prueba a actuar como un diez”, decía.

Seguramente es una cuestión de mirarme con los mismos ojos que miro a las personas a las que quiero. Con cariño, criterio y sin la autocrítica feroz a veces hasta autodestructiva. Quizás tengo que poner mis límites en cuarentena y probar. A ver qué pasa.

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