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Diana, you decide

We had the same idea. We are still connected. She lives in London. I live in Melbourne.

Such a messy desktops when we work for ADN newspaper

Nuestras mesas en el periódico ADN eran un desastre. Such a messy desktops

I proposed her to work together, as we used to, talk, share ideas, confront our point of views, connect with a look of complicity (via Skype).

The idea is, at least, challenging for both of us. It will keep us busy, mentally active and compromised.

I told her: ‘wouldn’t it be thrilling?’

Diana, the ball is in your court.

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El resumen de Quim&Roser / Quim&Roser’s recap (Esp/Eng)

Hay gente que se lo curra. Crean, modelan, idean. Como si fuera fácil, como si no hubiera que pensar. Como si no hubiera que vivir mientras.

Y yo que (afortunadamente) tengo un don para encontrarme con esas personas que me alimentan, no puedo dejar de hablar de ellas.

Quim Y Roser. Selfie

Quim y Roser llegaron a Melbourne hace un año. Dos diseñadores (e incontables facetas artísticas), una vida atrás y un futuro incierto. Una historia común, aquí en Australia y en todas las otras Australias.

Y si a mí me encanta juntar palabras para explicar esta experiencia, ellos decidieron compartir la suya con imágenes. La idea era contar a su familia y amigos, a los nuevos y a los viejos, cómo ha sido este año en Melbourne, agradecerles su apoyo y acogida. El medio, un vídeo de seis minutos compuesto por un plano de un segundo por cada día. 365 imágenes por esos 365 intensos días.

Bienvenido a Victoria. Welcome to Victoria

Lo que podría parecer una sucesión de imágenes, se convierte en una historia que fluye, que habla de descubrimientos, que describe nuevos escenarios, otra cultura, otro paisaje, otros deportes y la añoranza de lo que se deja atrás con la determinación inamovible de continuar hacia adelante.

Bajo el mar. Diving

Me siento identificada con ese vídeo. Yo también soy Quim y Roser. Yo también voy en el tranvía, como dumplings, tengo millones de amigos nuevos, me paro a escuchar a los artistas que tocan en la calle, viajo, disfruto del mejor café de Australia, me inflo de energía cuando mis pies tocan el césped o me quedo quieta mirando el skyline de Melbourne, deseando que ese momento se detenga.

Sin entender, entiendo que ese vídeo está muy bien hecho, que ese vídeo tiene horas de trabajo, de implicación, de planificación, de falta de sueño. Sin entender, entiendo. Y quiero compartirlo.

QUIM&ROSER’S RECAP

A lot of people have talent. They create, think, develop ideas. It seems easy, as if they wouldn’t have to think, as if they wouldn’t have anything to do in between.

I feel lucky because I know some of these creative people and they feed me with their energy and art. So I can’t stop talking about them.

Quim y Roser en el aeropuerto. Quim and Roser at the airport

Quim and Roser came to Melbourne a year ago. They are designers (and have more creative facets) and left their lives in Spain to build a new one in Melbourne. Their story is my story. There are many similar stories in Australia and in the others Australias.

And if my job as a journalist is writing, they decided to show their experience with images. The original idea was showing their families and friends (the old and the new ones) how life is here and thank them for their support and warm welcome. They have created a six minute video which includes 365 shots which last one second, for every single day of the last year.

12 Apóstoles. The 12 Apostles

It could have been a sequence of shots, but it is a fluent story which shows discoveries, new scenes, another culture, others landscapes and sports. It presents the meaning of being homesick for what you left but determined to live looking towards the future.

I feel identified with this video. I am Quim and Roser. I also travel on the tram, eat dumplings, have a million new friends, listen to the music of street singers, travel and enjoy the better Australian coffee, get renewed energy when I walk on the grass and  stare at the Melbournian skyline, looking forward to hold back that view.

I am not an expert, but I do understand the quality of this work. This video displays huge effort, implication, planning and lack of sleep. Without being an expert, I do understand. And I want to share it.

 

 

 

 

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El casero / The landlord (Esp/Eng)

Él en realidad es Ella.

Hace más de un año me alquiló una habitación en una casa de Melbourne. A mí a y mi pareja. Íbamos a estar al lado de la playa. La casa no era lujosa, pero tras la visita nos pareció que estaba bien. Era una casa compartida. Tres españoles, un venezolano, una hawaiana y un canadiense. La cosa pintaba bien. El trato era bueno para las dos partes, un precio asequible para nosotros y una casa llena para él. Y muy buen rollo.

El día que fuimos a llevar nuestras cosas allí no quisimos ver la primera señal. La habitación, que ya no tenía ningún mueble que la adornara, no había visto una mopa en años. Yo no estaba contenta, pero ya no podíamos ir a otro lugar. Habíamos terminado el contrato en la otra casa. No había a dónde ir. Así que limpiamos y limpiamos. Y nos mudamos.

Poco a poco descubrimos que no encajábamos en aquella casa. Ese hombre era histriónico y maleducado. La casa siempre estaba llena con gente como él. No cumplía con sus promesas. Hasta que un día llegó una carta diciendo que el casero estaba alquilando la casa de forma ilegal. Una carta de la Policía, sobre todo en Australia, no admite bromas.

Nos marchamos. Pero no nos quiso devolver la fianza. Así empezó nuestro contacto con la Justicia australiana y fuimos al VCAT, un servicio que se encarga de resolver las disputas domésticas, entre otras cosas. En la primera vista, a la que no acudió, nos dieron la razón. Él no había actuado legalmente, pero nunca acató la orden. Cuando fuimos a visitarlo se negó a pagar e hizo gala de su estilo chabacano y arrabalero. Empezamos así un proceso de apelaciones, que él inició para zafarse de sus obligaciones, y de visitas a los juzgados. Él nunca se presentó. Tres visitas. Tres días perdidos. Tres órdenes favorables. Para nosotros.

Pero nunca pagó.

Así fue como yo hice gala de mi empeño. Y con mi orden todavía caliente, me fui a visitar al Sheriff como si viviera en una película, protagonizando el siguiente paso. Así fue como volví a perder mi tiempo, una inversión para recuperar no la ridícula suma de una fianza sino el orgullo de pelear por las cosas justas. Así fue como un día apareció en el buzón una carta, con un cheque, que incluía ese dinero y los gastos ocasionados. Así fue como leí que el Sheriff tuvo que llamar cuatro veces hasta que pagó. Así fue como entendí que el casero pagó cuando vio que ya no podía escurrirse más. La transacción se realizó el día de mi cumpleaños, qué coincidencia.

En todo este proceso he aprendido mucho inglés, un poco del sistema Judicial australiano y que los acuerdos siempre tienen que ser legales. Ha sido un año largo, en el que me he preguntado muchas veces cómo alguien de mi mismo país y mi misma ciudad, a 17.000 kilómetros de casa, pudo engañarnos, en el que me he contestado que los usurpadores primero chupan la sangre a los que tienen más cerca, con los que hablan el mismo idioma, porque hacerlo en inglés exige una fluidez que ese zafio no tenía. Luego supe que no he sido la primera y ojalá haya sido la última. Ha sido un año largo, en el que he cumplido mi promesa de luchar para obtener lo que quería, que era un final justo. En el que he hecho mía la frase “este hombre no conoce a La Bego.

Una victoria moral que sólo me deja con una espina: la de ver la cara del señor Vicent el día que descubrió que había sido derrotado.

 

 THE LANDLORD

He is She.

More than a year ago, my partner and I rented a bedroom in a shared house in Melbourne. He was the landlord. We were going to live close to the beach. Although the house wasn’t amazing, we made a deal. Three Spanish, a Hawaiian and a Canadian. It sounded like a plan. We reached an agreement favorable for both sides: low rent for us, no spare bedrooms for her. Good vibes.

We didn’t want to see the first alert signal. With no furniture, our new bedroom was filthy. I was disappointed, but the deal was made. We didn’t have anywhere to go. So we cleaned and cleaned. And we moved to this place.

Little by little we discovered that we didn’t fit in that house. That man was histrionic and rude. People like him came often, invading our space. He didn’t keep his promises. One day, we got a letter which said that the landlord was renting the bedrooms illegally, according to the Real State. We couldn’t ignore a Police warning.

We left but he didn’t want to pay our bond back. So we met the Australian Juridical System for the first time. VCAT is a service that arbitrates between two sides that have a domestic conflict. She didn’t come. The Judge admitted that we were right, but he didn’t listen to the order. We visited him, but he showed ill-mannered and coarse language. He appealed in order to avoid his responsibilities. We went to Court again. He never appeared. Three times. Three lost days. Three favorable orders for us.

He never paid.

So I had to show my determination and guts. I visited the Sheriff, as if I was playing a role in a film, and I performed my next step. I lost my time trying to get my money back, but investing it in recovering my wounded pride. Few days ago I saw a letter in my mailbox. It included a cheque, with our bond and the costs. The Sheriff had to call him four times to make him comply with the order. He understood that it was impossible to pass the buck. And he paid on my birthday’s day.

Throughout this process I’ve learned a lot of new English, a little more about the Judicial Aussie System and that it’s better to do things according to the law. It has been a long year in which I wondered how someone from my country, from my own city, could lie to us. The answer comes clearly: the masquerade drains the closest people, who can speak the same language with, as lying in English was so demanding for him. I haven’t been the first but I wish I was the last. It has been a long year, in which I kept the promise I made myself: fighting to get what I deserved, a fair ending.

This has been a moral victory but I hold a grudge: seeing Mr. Vicent’s face the day he discovered he had been defeated.

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La paella, paso a paso (Esp/Eng)

Soy de Valencia y he visto un millón de veces cómo se hace una paella tradicional, la de pollo, conejo y verduras. La de mi madre, mi padre, mi abuela, Pilar, la amiga de mis padres, mi tía Maruja, mis amigos valencianos que no son de mi familia. Casi todos los domingos. Es tradición. En España, nadie que no sea de Valencia osaría decirle a un valenciano cómo hacer una. Pero ahora vivo en Australia y, lejos de casa, todos entendemos de paella, la hemos cocinado mil veces, nos sabemos los entresijos. Tanto, que incluso alguno me ha espetado, indignado, que por qué yo no sofreía el arroz y luego añadía el caldo. Pregúntaselo a mi madre, o a mi padre, o a mi abuela, o a Pilar, la amiga de mis padres,  o a mi tía Maruja o  a mis amigos valencianos que no son de mi familia.

No voy a hablar del matiz de añadir romero o no. No me importa. ¿Tu máster receta? Toda para ti. Yo voy a deleitarme con el sabor de casa. Y no estás invitado.

Como muchos dictan sentencia, creo que por el mero hecho de que soy valenciana y forma parte de mi vida dominguera puedo, al menos, hablar de mi experiencia.

Así que esta semana me he dado el placer de entretenerme con el universo paella. He comprado una paella grande (en Valencia solemos llamar igual al plato y a la sartén), un paellero y las patitas. Después de tener el equipo y no antes, llamé a mis amigos y a su familia para que nos acompañaran. Por último, mercado. Me aseguro de que encuentro la bajoca y el garrofón antes de comprar la carne. En Melbourne no todos los días puedes encontrarlas. Añado el pollo, el conejo. Lo demás lo tengo en casa.

Así que llega el día. No es la primera vez que cocino paella, pero sí la primera que la hago con lo mismo con la que la solía hacer en casa. Vamos. La carne, doradita, la verdura, el pimentón, el caldo, esperar, probar de sal, el arroz, huele a quemado… A la mesa. No queda ni un grano. “Che, així dóna gust! (“¡Así da gusto!”).

 

Estos días he encontrado wikipaella, una plataforma creada para “definir, promocionar y defender las auténticas paellas”. Los creadores hablan de aspectos muy interesantes, como los ingredientes o las recetas más comunes. E incluso tienen un manifiesto. A mí me ha hecho gracia una entrada de su blog en la que repasan la forma tradicional de comer paella. Me he divertido mucho leyéndolo porque muchos puntos son protagonistas de disputas cotidianas alrededor de la mesa, como tener cuidado de no echar limón al comensal de al lado o no invadir su trocito. Porque la paella se come directamente de la paellera, para que el arroz no se enfríe. Cada uno respeta su parcela y nada de robarle el trocito de carne que te gusta al de al lado. Como mucho, si lo que tienes enfrente no te gusta, lo dejas en el medio para que otro se lo coma. Como yo soy la pequeña de mi familia, y la mimada, mi trocito preferido siempre me llegaba de un sitio u otro por generosidad de mis padres o mis hermanas, pero eso es un privilegio que uno sólo tiene en su propia casa. Lo mejor de todo es que el que cocina nunca friega la paella.

A comer, que el arroz se enfría. At the table, the rice is still warm

A comer, que el arroz se enfría. At the table, the rice is still warm

Yo ya he encontrado entretenimiento para los fines de semana australianos.

THE PAELLA, STEP BY STEP

In Spain, not a single person would dare to tell a valencian how to cook paella. In Australia, far away from home, everyone knows the recipe, its secrets and has cooked this rice dish more often than fried eggs. Bravo!

I am from Valencia and I have seen my mum, my dad, my parent’s friends, my granny, my aunty Maruja and different friends from different valencian families cooking the traditional paella almost every Sunday. It’s a custom. But in Australia, many people do question the way I cook the paella. The traditional, the one with meat I mean. Even the cooks. That’s right. No worries. Your recipe, all yours. I don’t need a book. I don’t need amounts. I am not in a rush. I don’t need to have any precooked stock. I don’t need to argue. I have seen it many times in my life.

So this week I’ve been enjoying shopping my paella kit. First, I got the paella burner and the paella pan. Then I invited my friends. Later, I went to the market. Chicken, tick; French beans, tick; beans, tick; rabbit (rabbit? Yes, rabbit), tick. This is a traditional valencian paella and although I wouldn’t bet on the result, I will follow my family way. And I won’t tell you how to make it. You know it, don’t you?

So Sunday arrives and I am getting excited. I cut the chook and the rabbit (rabbit? Yes, rabbit). I prepare the veggies. Salt, olive oil… My friends arrive and we share some drinks, olives and pickled mussels while the paella goes on. I am in my element. Then, adding salt to taste, rice, playing with the burner and counting down.

Orgullo de 'valensianeta' I am so proud

Orgullo de ‘valensianeta’
I am so proud

For the ones interested in learning, I’ve recently discovered a website which defends the value of the traditional paella, wikipaella, a platform to “define, promote and uphold the authentic paellas”, they say. One of his posts talks about how to eat and enjoy the paella, step by step. If you are willing to experience an authentic Sunday paella they remind us that all the guests sit around the paella and eat from the pan, with spoon, not fork. That’s the way to keep the rice warm and everybody can have the socarrat (toasted rice at the bottom). Everyone has their own section and doesn’t get rice from another side of the pan and a lot less the piece of meat they like. If it is not in front of you, we are so sorry but… In my case, as I am the youngest daughter, and the spoilt one, my parents and sisters give me my favorite piece of meat. The post forgets the best part, though, and it is that the cook never wash the paella pan.

Nevertheless, the pieces of advice go on and they are so familiar, so real, so good, that I laugh alone. I have many Sundays ahead. And my friends know it.

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Dos españolas y una conversación

Raquel, española, de Madrid. Peter, escocés, de Perth. Francisco, venezolano, de Caracas. Begoña, española, de Valencia.

Cuatro personas y una mesa, en Melbourne, Australia.

No es un chiste.

Raquel y yo hablamos en español de un tema banal. Pero estamos indignadas. Cada una quiere añadir sus argumentos. El escocés se levanta, sólo oye español y se pierde un poco. Raquel y yo estamos de acuerdo, y sólo hacemos que apuntar nuevas ideas que soportan nuestro punto de vista. Elevamos la voz. Gesticulamos. Estamos a punto de llegar a una conclusión. Francisco dice tímidamente que le perdonemos, que se levanta, que hay demasiada tensión en la mesa.

Raquel y yo nos miramos. ¿Tensión? Pero si no estamos discutiendo. Si estamos de acuerdo. Si sólo estamos hablando.

Nos miramos otra vez y nos reímos.

Somos españolas. Ponemos el alma en todo lo que hacemos. Vamos, no es tan difícil de entender.

 

TWO SPANISH PEOPLE AND A CONVERSATION

Raquel, Spanish, from Madrid. Peter, Scottish, from Perth. Francisco, Venezuelan, from Caracas. Begoña, Spanish, from Valencia.

Four people at the table in Melbourne, Australia.

It is not a joke.

Raquel and I talk about a trivial topic. We are in a huff. Each of us wants to add their point. The Scottish stands up, he’s lost as all the conversation is in Spanish. Raquel and I agree, we add new ideas which support our point of view. Our voices are louder. We gesticulate. We are about to reach the conclusion. Francisco, shyly, asks for permission to leave the table, there is too much tension.

Raquel and I stare at each other. Tension? We are not arguing. We do agree. We are just talking.

We stare at each other again and we laugh.

We are Spanish. We put our heart into everything we do. Come on, it is not difficult to get it.

 

 

 

 

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¿Quieres vivir en el lugar más feliz del mundo? Aquí es a donde debes ir

mevoyaaustralia:

Australia, el país más feliz del mundo, según la OCDE

Originalmente publicado en CNN en Español: Ultimas Noticias de Estados Unidos, Latinoamérica y el Mundo, Opinión y Videos:

Por Ivana Kottasova y Irene Chapple

LONDRES, Inglaterra (CNN) — Australia es el país industrializado más feliz del mundo, un título que ha ganado por cuarto año consecutivo.

El llamado “país afortunado” venció a Noruega y Suecia para tomar el primer lugar en el Índice para una Vida Mejor, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicado este lunes.

Ver original 669 palabras más

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El hombre agresivo

Es sábado muy temprano, pero levantarme pronto merece la pena si es para desayunar con mi amiga Pamela. Vamos a Dukes, en Chapel St.  Conseguimos una de las cuatro mesas de la terracita. El café está buenísimo, la conversación llena de matices. Nos zampamos unas tostadas con huevos pochados.

Una pareja está sentada a mi izquierda y a la derecha un hombre desayuna unas tostadas con huevos fritos y aguacate, adornadas con unas flores pequeñas, lindas y comestibles. Sus músculos hablan de muchas horas de gimnasio, escucha música con los cascos y lleva gafas de sol. En la última mesa de la derecha dos hombres charlan con un par de cafés delante. Los dos son asiáticos. El mayor, escuálido y moreno, fuma. El joven tiene la mitad de años y sonríe todo el rato.

Es otoño pero el día cálido. Hace sol y todo fluye.

Una energía repentina hace que mi amiga y yo nos balanceemos hacia la izquierda. El hombre solitario se abalanza, como si fuera un felino cazando a su presa, sobre el hombre de la mesa de la derecha, el delgado. Ha sido un salto seco, veloz, limpio. Los golpes se amontonan en el cuerpo de ese hombre, paralizado, con la cara llena de miedo y manchada de sangre. No entiende qué pasa, por qué le pasa. Intenta zafarse de él, pero lo  tiene inmovilizado. Lo empuja contra las vallas de publicidad que nos separan de la calzada y hace que se queden apoyadas en los coches aparcados. Las mesitas ya no están en orden. La pareja del agredido está de pie, observando, en pánico.

Nadie hace nada. Nosotras hace rato que observamos la escena desde el bar de al lado. Abandonamos los bolsos, las llaves, el móvil y los cafés que ahora son parte del atrezzo. No sabemos qué ha pasado, sólo hemos percibido ese salto desde la mesa de la derecha hacia la mesa contigua. Ningún hombre de esos que abundan por Melbourne, six pack y actitud chulesca, se atreve a mediar. Se ve que hoy no han desayunado hormonas. Los camareros interceden, pero no hay manera. La adrenalina del agresor está disparada. A ése no hay quien lo pare.¿Nadie ha llamado a la Policía?

El señor músculos suelta a la víctima y se sienta a seguir desayunando, como si nada. Los camareros le ponen los cubiertos de nuevo, como si nada. Nosotras nos sentamos, como si nada, mientras el agredido permanece de pie, atónito, temblando. El señor músculos se inclina hacia nosotras, también como si nada, para hacernos una confidencia. “Lo siento, chicas, no soporto que nadie fume a mi lado”.

Nunca hubo un aviso, nunca le dijo, nunca se quejó. Estábamos en una terraza donde el que quiera puede fumar. El señor músculos es repulsivo aunque siga ahí como si nada. El señor músculos no tenía ningún derecho. La Policía nos interroga a todos. Es mi primer interrogatorio. Los agentes contrastan la versión del agresor. Su actitud les parece un poco desproporcionada, nos dicen.

A mí lo que me parece insólito es que, mientras llega el veredicto, el señor músculos se haya pedido otro café y siga disfrutando de esa mañana de otoño. Como si nada.

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Don’t be cheeky

Have you been in Myer? It is a department store in Melbourne, the largest.

myer

Someone found really useful to identify a person who is cheeky, pushy or likes teasing people with Myer’s frontage, which is huge.

If you speak Spanish and live in Australia, don’t tell anyone that has more face than back if you don’t want to be told that

you have more front than Myer.

 

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Cumplir años

Mis cumpleaños solían ser el evento más importante del año. Para mí y para los míos. Me ponía muy pesada. Mucho. Pensaba en él con meses de antelación, lo planeaba a un mes vista y lo cerraba antes de que a alguien le pudiera salir otro plan. Pensaba cuidadosamente en la lista de invitados, en que todos fueran compatibles, gustos afines, en que nadie se sintiera fuera de lugar. Los amigos por un lado. La familia por otro.

Lo escribo y hasta me entra una especie de escalofrío. ¡Qué miedo!

El primer cumpleaños que celebré en Australia entré un poco en zozobra. Sin amigos de toda la vida, sin menú, sin tiempo para haberlo planeado. Mis nuevos amigos me hicieron sentir especial, hubo regalos, tarjetas, cervezas… Pero todos aquellos amigos ya se han ido.

Así queme enfrentab a de nuevo a La Cita, con la presión de una cuenta que no se detiene y mi entusiasmo desmedido por añadir años a mi bolsa. Me sentía mal porque no había organizado nada. No sabía a dónde ir. No tenía lista de invitados, ni menú, ni tarta. Me apunté a la filosofía del sobre la marcha, temerosa de un resultado desastroso.

Así que mis amigos fueron apareciendo poco a poco. No había comprobado que fueran compatibles, que tuvieran gustos afines, si alguno se podía sentir fuera de lugar. No había tenido en cuenta que todos hemos viajado, que todos hemos tenido que socializar sobre la marcha, que todos hemos aprendido a apañárnoslas, que todos somos supervivientes. Aquella reunión fluyó contra todo pronóstico, en inglés, en español, con australianos, alemanes, mexicanos, españoles, escoceses, colombianos, venezolanos…

Mis amigos no me dejaron sin tarta. Me sentí tan especial como siempre y soplé las velas, mientras pensaba en todos ellos, el regalo por el que cualquier cumpleañero mata.

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El comediante

Llegamos un poco antes y decidimos tomarnos una cerveza que luego no sabremos dónde poner. La habitación donde va a tener lugar el monólogo es minúscula. Yo me había imaginado un bar, con unas mesas, luces, un espacio abierto. Aquello parece un cuarto oscuro, seis filas con seis sillas, un escenario y un micrófono. En realidad, no hace falta nada más.

Un micrófono esperando a su voz

Es el Comedy Festival de Melbourne y, aunque es el tercero desde que vivo en esta ciudad, no había ido antes. Me daba nosequé ir a una función y no entender absolutamente todo, no reírme cuando todos, no pillar las bromas, los chistes, los gags. Así que un espectáculo bajo el título Lost in Pronunciation  (Perdido con la pronunciación) protagonizado por un venezolano me inspiraba confianza: mil situaciones parecidas, equívocos, la visión de alguien de fuera. Además, mi marido es venezolano. Quería ver hasta qué punto podía entender algún gag caraqueño.

Ivan Aristeguieta

Así que aparece Iván Aristeguieta  como si alguien le hubiera dado un empujón desde bambalinas. Toda energía, saludando a lo australiano y presentándose. Primeras risas, que prácticamente no se acabarán hasta que acabe su monólogo, de apenas una hora.

Vegemite

Primera parte, protagonistas indiscutibles: el kétchup, que desde que vivo en Australia se llama tomato sauce, y el Vegemite, esa cosa incomible, que yo tomé en mi primer desayuno creyéndome, víctima del jetlag, que lo que untaba en la tostada era mermelada. Le seguirán el retrato de los australianos, las opciones gastronómicas, las comparaciones latinas con las aussies. No cuento más. Despedimos a Iván con un sonoro aplauso un millón y pico de carcajadas después.

Me quedo con varias cosas. La primera, con que entendí todo. La segunda, con que las risas siempre son bienvenidas, destensan, mejoran un día que empezó mal. La tercera, que los australianos se desternillaran de la risa viéndose retratados. Pero me quedo, sobre todo, con lo que Iván me regaló.

Llegó hace dos años a Australia, como yo, y lleva ya un rato dándose vueltas por diferentes ciudades con su espectáculo. En inglés. Con un inglés muy bueno, quiero decir. A mí, que siempre me digo que es difícil encontrar un trabajo de periodista porque el idioma en mi profesión sí es una barrera, me dio una bofetada, de esas sonoras y secas. Me contó, sin que ninguno de los dos se diera cuenta, que las barreras nos las ponemos solos y que en nuestras manos está también, cargar con una escalera, subirla y saltar el muro.

Que sepáis que todavía estará esta semana en Melbourne.

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